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Monumentos p. 4

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Los monumentos arquitectónicos y artísticos se ofrecen como medios eficaces para el debate y la negociación justamente porque a pesar de toda su belleza y armonía formal, no son en sí mismos portadores de armonía de efecto pacificador. Por el contrario, esos edificios y artefactos constituyen un medio que contiene y preserva los conflictos de la historia que son los que han dado lugar a su existencia y conformación. Este aspecto también abarca las interpretaciones, los discursos científicos y las demandas políticas que han sido vinculadas con los monumentos históricos a lo largo de cada época. Reconocer esos elementos y resignificarlos en relación con el tratamiento del monumento histórico requiere de la especial aptitud de los conservadores patrimoniales: hay que saber "leer" en los edificios la configuración artística y la superposición de múltiples significados. Por supuesto aquí tampoco existe sólo una única lectura posible.

De este modo hemos regresado a la cara polémica de los monumentos históricos. Es de esperar que los debates sean tanto más encendidos cuanto más se cuestionen las identidades grupales cuya tradición se refleja en la memoria cultural. Sin embargo se trata de un efecto deseado que, siempre que medie un manejo experto, puede desarrollar un impulso muy integrador. En el mes de junio del corriente año el Consejo Europeo realizará en Estrasburgo un seminario dedicado a esta temática que también abarcará la pregunta por el reconocimiento de los "droits culturels de l'homme", los derechos humanos culturales.

Por ello, el patrimonio cultural de Europa no debe ser definido como un inventario de objetos, ni como la suma de las mejores expresiones arquitectónicas en todos los géneros y en todos los países. Por el contrario, el patrimonio cultural de Europa debe presentarse como un proyecto común para la deliberación activa sobre los aportes y los conflictos inscriptos en dichos artefactos y edificios; el objetivo no debe consistir en disolver las diferencias, sino en entenderlas como parte constitutiva de la cuestión. En qué medida este enfoque pude ser aplicado, aunque sólo sea en forma parcial, a los países de América Latina, podría ser un buen tema de debate.

Lo expuesto de ninguna manera excluye que sigamos disfrutando, como mencionara al principio, juntos o separados, de la belleza de las obras y monumentos, o que viajemos para admirar el patrimonio cultural de nuestros vecinos, o que demos la vuelta al mundo para visitar aquellos lugares que han sido declarados patrimonio cultural de la humanidad. Sin embargo, este tipo de turismo global en torno a los monumentos históricos no produce un discurso crítico y tampoco cuestiona las delimitaciones identitarias, cuando justamente de eso debería tratarse.

Gabi Dolff-Bonekämper

La primera publicación del Consejo Europeo sobre este tema, "Prospective: Fonctions du patrimoine culturel dans uneEurope en changement"puede ser solicitado en idioma francés e inglés en 1 a Sección Cultural Heritage del ConsejoEuropeo en Estrasburgo.




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