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Monumentos p. 2

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Es por ello que propongo dirigir la mirada hacia la cara polémica de los monumentos históricos. No tengo en mente los edificios y lugares que nos recuerdan acontecimientos en los que nos cuesta pensar: testimonios del terror nazi, de la opresión, el maltrato y la aniquilación de personas. En la Alemania de la última década, esos legados "incómodos" han sido intensamente tratados en los debates en torno a la conservación del patrimonio, de lo que da prueba un vasto repertorio de conferencias, publicaciones y numerosas decisiones tomadas para conservar determinados edificios y lugares declarándolos monumentos históricos. Si bien es de esperar que persistan los conflictos en torno a los monumentos del período nazi, ya han quedado medianamente en claro los posicionamientos especializados y políticos.

Muy distinto es el caso de monumentos históricos que a primera vista y también en un segundo acercamiento, no parecen presentar ningún tipo de potencial conflictivo, ya que parecen hallarse en una suerte de paz patrimonial con su entorno social y espacial; en elpeor de los casos sólo se desatan discusiones sobre el color adecuado o la reconstrucción correcta de sus ventanales. Sin embargo, este tipo de monumento histórico no carece de un costado controvertido: ésa es justamente la cuestión a la que me quisiera abocar en este contexto, para lo cual será conveniente realizar un breve retroceso en el tiempo.

Uno de los supuestos básicos de la acción conservatoria es que en una primera instancia, la protección de los monumentos da lugar a un consenso sobre el valor del monumento; de esta manera se cimienta su importancia en la conciencia de su propietario y del público en general. En una segunda instancia, la conservación del patrimonio exige negociar sobre el destino y el mantenimiento del monumento histórico en cuestión, asumiendo enfrentamientos y concesiones que a veces significan cuantiosas pérdidas; luego se presenta el resultado de esta negociación. Es que una de las funciones sociales del monumento histórico consiste en desarrollar un efecto integrador (en el vecindario, la ciudad, la región y el país) como así también difundir un consenso sobre la historia y tal vez incluso sobre el arte. En este sentido, los monumentos arquitectónicos son concebidos como un medio para la consolidación de la identidad: la intención es que una comunidad, una ciudad, una región o un país se apropien de sus monumentos al compartir la reflexión y los esfuerzos preservatorios, para consolidar así su sentimiento de pertenencia. La historia de laconservación del patrimonio en los siglos XIX y XX en Alemania presenta múltiples ejemplos que ilustran como la restauración de una iglesia, un castillo, una municipalidad o una fortificación medieval se llevaba a cabo con el objetivo de contribuir a la representación y consolidación política del bien público, como de hecho ha sucedido. Mucho se ha escrito ya sobre el hecho de que la preservación del patrimonio está determinada por su tiempo histórico, lo que se traduce en la variabilidad de los criterios de valor, los estilos de restauración, los éxitos y fracasos de cada época.

Con frecuencia suele ignorarse sin embargo la otra cara de la moneda: la consolidación de la identidad grupal que descansa en la memoria cultural colectiva y en la fuerza integradora de los monumentos arquitectónicos del pasado, termina provocando una mayor delimitación hacia el afuera, hacia el otro: un diferenciarse de otros grupos sociales y étnicos, regiones y naciones con sus propios patrimonios y una lectura diferente de los mismos objetos (este proceso no se da con una intención explícita y por ello en ocasiones no es fácil de percibir). La constitución de la identidad y la delimitación identitaria se


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